Debí quedarme en el mar

Disfruto conservar trocitos de mis lecturas, me gusta subrayar mis líneas preferidas y transcribirlas en libretas pequeñas o en algún documento Word. También me gusta compartirlas, por eso ahora cito las líneas que más me han conmovido de Pippi Calzaslargas. Todas las historias, de Astrid Lindgren. En esta ocasión la generosa y valiente pelirroja muestra su vulnerabilidad, aunque sólo por un momento, pues al cabo de unas cuantas líneas vuelve a vivir intensamente su anarquía infantil contagiando de vitalidad a los vecinos de Villa Mangaporhombro. Sucede cuando la señora Settergreen, madre de Annika y Tommy, amigos de Pippi, le dice:

-Te agradeceré que no vengas más. Tu conducta ha sido incalificable.

Pippi la miró, sorprendida. Los ojos se le llenaron de lágrimas.

-Tiene usted razón. No sé cómo debo portarme con la gente. Es inútil que intente aprenderlo; nunca lo conseguiré. Debí quedarme en el mar.

Por esto y muchas cosas más, Pippi es una de nuestras niñas preferidas.

Adjetivo banal o significativo

Me deleita pensarlo, la literatura se mueve mientras pretendemos atraparla, definirla o adjetivarla. Esto acaso es notable respecto a la llamada literatura infantil. Desde luego, cada quien habla desde su experiencia o como le fue en la feria. ¿Es necesario el adjetivo?

La educación, la moral, la industria editorial o la crítica literaria se atreven. Entonces encontramos definiciones que acaban pronto y privilegian lo literario: la literatura es una y los adjetivos están de más. Otras ponen énfasis en lo moral o didáctico: que sea útil para la formación, dicen. También están las exigencias de ser atractiva, ligera y entretenida.

Llamar infantil a esta literatura es significativo o es uno de esos adjetivos que si los elimináramos no pasa nada, me pregunto. El adjetivo pareciera referirse al concepto extraliterario, quizá, de infancia, el cual al parecer no siempre ha sido el mismo que es hoy en día. Esa idea de infancia define al lector modelo al cual se dedica esta literatura.

La psicología y la pedagogía especialmente desde el siglo XIX y con mayor fuerza durante el siglo pasado han aportado conocimientos sobre las peculiaridades del niño provocando cambios paradigmáticos. Han contribuido a formar la idea de la infancia como una etapa del desarrollo humano específica, concepción aceptada en la mayoría de las sociedades occidentales actuales, formativa y vulnerable que debe ser protegida. Uno de los mayores logros es la declaración de los derechos de los niños.

Ha habido grandes cambios en la educación, desde un formato autoritario hasta teorías que privilegian al niño como protagonista del proceso educativo (paidocentrismo). Las peculiaridades de esta etapa marcan las pautas, entonces los adultos deben adaptarse y buscar comunicarse del modo más adecuado con los pequeños, por ejemplo, a través del juego.

Estos conocimientos, además de una creciente clase media con mayores recursos económicos, mejores condiciones de vida que han permitido que la mayoría de la población se eduque hasta la necesidad de un nivel educativo alto, los avances tecnológicos son algunos de los factores que han generado una producción dedicada a los chicos, entre la que se encuentra la llamada literatura infantil.

El adjetivo parece aludir a este contexto donde se ha desarrollado notablemente la producción de esta literatura peculiar durante el siglo XX  arraigándose en sus orígenes, en las diversas tradiciones orales, y en sus grandes momentos históricos hasta hoy en día.

En este ir y venir la literatura dedicada a los más jóvenes ha sufrido menoscabos, cuentos antiguos han sido modificados de mal modo, según opinan expertos; la creación se ha encontrado limitada por una educación moral que busca transmitir con claridad lo bueno, lo malo, los ideales aceptados por la sociedad, o la industria exige el producto que consiga ventas altas.

En nuestros días, en este siglo XXI, la literatura infantil se ha consolidado en sociedades occidentales, donde la producción y las ventas son exitosas. Además, acepta de buena gana la experimentación y es flexible a diversos soportes y las tecnologías recientes.

Las obras literarias verdaderas resisten y se reproducen, como otras obras artísticas, son profundas, evocadoras, con poder simbólico capaz de llamar a nuestra personalidad total. Así las cosas, es importante defender lo literario sin olvidar la relación que guarda con otros aspectos de la vida y su contexto.

Calzas, medias

Conocí a Pippi en un póster donde se destacaba a una risueña niña pelirroja con unas largas medias, la chica longstocking. El encuentro con alguna de sus historias por escrito ocurrió mucho después. En aquel entonces tenía muy clara esa peculiaridad gracias a la ilustración y a la clase de inglés. Ahora tengo reunidas en una edición las aventuras de Pippi, las leo con atención y con ojos adultos, entonces encuentro el retrato de la niña:

Su cabello tenía exactamente el color de las zanahorias y estaba recogido en dos trenzas que se levantaban en su cabeza, tiesas como palos. La nariz tenía la misma forma que una diminuta patata y estaba sembrada de pecas. Su boca era grande y tenía unos dientes blancos y sanos. Su vestido era verdaderamente singular. Ella misma se lo había confeccionado. Era de un amarillo muy bonito, pero como le había faltado tela, era demasiado corto, y por debajo le asomaban unas calzas azules con puntos blancos. En las piernas, largas y delgadas, llevaba un par de medias no menos largas, una negra y otra de color castaño. Calzaba unos zapatos negros que eran exactamente el doble de grande de sus pies. Su padre se los había comprado en América del Sur, teniendo en cuenta que los piececitos de la niña pudieran ir creciendo dentro de ellos, y Pippi no quería ponerse otros.

Pippi Calzaslargas. Todas las historias,

de Astrid Lindgren

Entonces me pregunto por la palabra “calzas”, ¿a qué se refiere?, ¿he vivido en un engaño?, ¿acaso largos eran sus calzones (en castellano mexicano) o bragas (en castellano español)?,  ¿a ellos debe su epíteto Calzaslargas? Ante este tipo de enredos es necesario recurrir a la RAE:

calza.

(Del lat. vulg. *calcĕa, y este del lat. calcĕus, zapato).

1. f. Prenda de vestir que, según los tiempos, cubría, ciñéndolos, el muslo y la pierna, o bien, en forma holgada, solo el muslo o la mayor parte de él. U. m. en pl. con el mismo significado que en sing.

2. f. Liga o cinta con que se suele señalar a algunos animales para distinguirlos de otros de la misma especie.

3. f. Cuña con que se calza.

4. f. bragas (‖ especie de calzones anchos).

5. f. coloq. media (‖ prenda que cubre el pie y la pierna).

6. f. Col., Ec. y Pan. Empaste de un diente o muela.

Entendido, significa ambas cosas, bragas y medias, entre otras más. Tampoco es motivo de alarma, en el devenir de las narraciones queda claro que Pippi lleva calzas, o medias o calcetas, largas largas. ¡Vaya lío es la traducción! Y qué lío ante una lengua como la castellana que es hablada por tantas personas en tantos lugares.

(Pippi es uno de mis personajes favoritos por eso le he dedicado con cariño este GIF animado.)

¡Felicidades, mamá!

Hoy, 10 de mayo, celebremos a las madres con libros. Propongo Cuaderno de Agosto, de Alice Vieira con ilustraciones de Pablo Díaz Tamargo, traducido por Mario Merlino y publicado por Anaya infantil Juvenil. El libro es el diario veraniego de una chica llamada Gloria, donde retrata a su familia, con cariño especial a su madre, quien luego de divorciarse del padre de la chica, se encuentra frágil y muestra la necesidad de apoyo de sus hijos.

Tengo en la cabeza mil y una cosas así que he pedido ayuda a mis amigos de Facebook para que propongan libros sobre el tema y me han recomedando los siguientes:

Mi mamá, de Anthony Browne

El libro de los cerdos, de Anthony Browne

Historia de una madre, de Hans Christian Andersen

La última perla, de Hans Christian Andersen

Se vende mamá, de Care Santos y Andrés Guerrero

El globo, de Isol

Te quiero un montón, de Juan Carlos Chandro y María Luisa Torcida

Siempre te querré, de Robert Munsch y Sheila McGraw

Madrechillona, de Jutta Bauer

Las tres sofías, de Juan Rodríguez Matus y Ana Cooke

¡Si quieres proponer algún libro, hazlo aquí mismo o en mi perfil de Facebook!

Mi patria es mi familia

Niña de todos los países, de Irmgard Keun (Berlín 1910-Colonia 1982), pasó mi prueba del primer párrafo, con muy buena nota por cierto. Si una narración no me intriga en las primeras líneas, quizá podría seguir la lectura hasta llegar a la segunda página, pero no más, entonces dejo el libro de lado, paso de él.

Kully, la narradora y personaje de la historia, cautiva por su lucidez desde el inicio. Su relato comienza en un hotel, donde no está de turista sino de paso, huyendo junto a su padre, Peter, un escritor exiliado, y su madre, Anni. La familia ha escapado de la Alemania nazi en la zozobra del inicio de la guerra.

A sus diez años, Kully ya sabe que tener dinero nos hace guapos y agradables, por el contrario, la pobreza y la precariedad provoca desprecio; la gente se torna antipática cuando no se tiene dinero para pagar las cuentas. Sabe también que hay quienes prefieren morir y deciden morir y así flotar en el espacio, libres, sin fronteras ni pasaportes con fecha de caducidad, sólo entonces pueden estar con las personas queridas. Sin embargo, también sabe que hay personas que aunque intenten quitarse la vida, no lo logran, porque no es fácil. También ha aprendido que los dólares son más valiosos que los marcos alemanes. Y que es posible aprender a comunicarse con personas de otros países mientras se juega, pero eso sólo es posible entre niños.

A Kully le gusta comer sol con su madre, con quien ha inventado muchos juegos, como el de recordar en cuántas camas han dormido, en cuántos trenes han viajado o cuántos buenos amigos tienen en el mundo. Pero a veces Anni sucumbe ante la desesperación:

Ahora mi madre duerme. Su cara es otra vez como siempre. Antes sucedió algo terrible. De pronto mi madre ya no era mi madre. Pensé que ella era la guerra y una bomba, y que estallaba.

Mientras, el padre, aunque a veces se enfada, siempre se le pasa, pero por si la dudas:

Mi padre tiene un revólver, con él puede disparar. Cuando ya no sepamos qué hacer nos matará de un disparo. Entonces, por lo menos, no nos podrá pasar nada.

Aún así cuándo a Kully le preguntan si extraña su patria, ella encuentra que no echa en falta nada cuando esta junto a sus padres.

Esta niña es ahora uno de mis personajes favoritos, pues con una voz clara nos revela las complicaciones, y la crueldad, del mundo. Su honestidad es brutal y, en ocasiones, su ingenuidad parece la de una chiquilla menor. También podría confundirnos, pues algún objeto, alguna fecha, cualquier cosa dispara el relato de recuerdos, y de sus deseos que se reducen básicamente a estar con papá y mamá.

Me parece injusto que a Keun se le recuerde, la mayoría de las veces, sólo por su relación con el escritor Joseph Roth, sin duda es un aspecto importante en su vida, sin embargo, su obra merece atención, aunque sólo sea por la curiosidad que despiertan las obras prohibidas, ¿qué habría escrito –y qué sería capaz de escribir- esta mujer para resultar incómoda al gobierno alemán nazi? Por lo pronto, en español podemos encontrar Niña de todos los países, publicada por primera vez en Ámsterdam en 1938, además de La chica de seda artificial y Después de medianoche.

Taro Gomi en Mundo Libro

El sábado 10 de abril, el ilustrador japonés Taro Gomi dirigió un taller en la sexta edición de Món Llibre o Mundo Libro 2011, una fiesta de libros para los pequeños, en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) y en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) .

Los pequeños participantes hicieron murales dedicados a las niñas y los niños japoneses. Más fotos AQUÍ.

Quizá en otra ocasión

Debo aclararlo, no es mi costumbre, pero ayer he dejado un libro sin concluir la lectura. En realidad es el segundo libro que no podido leer por completo de cuantos me había propuesto desde la semana pasada, pero me ha sido imposible. Quizá no sea el momento adecuado, no son para mí o, ¿cuál será el motivo? Suelo concluir mis lecturas, aunque no me agraden del todo, para saber con claridad el motivo de mi disgusto, pero esta vez no he podido continuar, me he quedado dormida ante ambas lecturas.

El primer libro es “Las peregrinas del fuisoyseré”, de Ricardo Chávez Castañeda. Me parecía un trabalenguas narrativo, un ir y venir temporal, que terminaba por pesar sobre mis párpados. Varias tardes lo intenté y casi lo logro, sin embargo, no he podido llegar al fin. No lograba imaginar a esa niña tan preocupada por el pasado y angustiada por el futuro, me invadía la tristeza. Era como una adultita a punto de comprar un seguro de vida. Así las cosas, no puedo decir nada más.

Luego, he intentado leer “Odisea por el espacio inexistente”, de M. B. Brozon, un par de veces, tampoco he llegado al final..  Lo reconozco, el conflicto inicial me interesó: Andrés, un chico frustrado por haber reprobado dos materias: matemáticas y  música. La intriga crece cuando se relata la presión sufrida por el chico pues su padre es músico, podría haber reprobado cualquier otra materia excepto música.

El realismo se pierde, la odisea se apodera, lo cual no me desagradó en absoluto, sino que la problemática inicial se esfumara. Un par de personajes extraños raptan a Andrés. Ese par y su pandilla, con sus poderes mágicos, habían turbado la mente del niño y por eso había fracasado, no había sido su responsabilidad. Entonces aquella angustia ante las expectativas del padre desaparece. Para ser honesta ese giro me disgustó, en ese momento me pareció un escamoteó de una problemática interesante y en su lugar se hubo puesto una historia agradable de aventuras. Lo he intentaré leer de nuevo.

Todo lector tiene derecho a dejar de lado el libro que no le atrape, ¿no?

En búsqueda de hogar

Fachada de la Biblioteca Central del Estado Fray Servando Teresa de Mier

Los libros son espacios que requieren espacios donde vivir: un bolsillo, una mochila, un estante, un par de manos… y, desde luego, una casa, es decir, una biblioteca. Aunque muchos no lo creerían, una biblioteca puede ser un lugar estupendo para estar: algunos sólo se sientan a pensar un rato, algunos pasean entre los pasillos de libros, algunos toman la siesta, algunos leen, algunos escriben, algunos, como yo, disfrutan de esas casas que guardan multitud de espacios.

Detalle de su Sala infantil

Desde hace algunos días me preguntaba sobre casas para la literatura infantil y juvenil, si realmente hay espacios acogedores y agradables para que niños y adolescentes los frecuenten por el gusto de estar, por el gusto de leer. Hemos improvisado lugares y eso está muy bien, en ocasiones, hacerlo es necesario, sin embargo, también necesitamos lugares fuertes, verdaderos hogares para los libros, la lectura y los lectores. Sigue leyendo