7 características de la creatividad

Desde hace algunos años escuchamos con frecuencia el término “creativo” para designar desde profesionales del diseño y la publicidad, creaciones unicas o excéntricas, como también lo escuchamos relacionado con la educación, pero, ¿de qué se trata esto? Para salir del apuro está Creatividad y educación, publicado en español por Paidós educador, que contiene ensayos, resultado de investigación de profesionales de la educación, la psicología y la psiquiatría de varias universidades estadounidenses como la Universidad de Stanford, de Columbia, de Duke, entre otras.

¿Y cómo son esos chicos creativos? Los investigadores se dedicaron a observar y comprobar sus hipótesis. Encontraron, por ejemplo, que hay signos inconfundibles de alto grado de creatividad, cito:

1. Curiosidad. El niño formula preguntas de manera persistente y deliberada. No se muestra satisfecho con explicaciones superficiales, sino que trata de profundizar. La curiosidad no siempre se muestra verbalmente.

2. Flexibilidad. Si un método no da resultados, piensa de inmediato en otro.

3. Sensibilidad ante los problemas. Visualiza con rapidez las lagunas en la información, las excepciones a las reglas y las contradicciones.

4. Redefinición. Puede ver significados ocultos en manifestaciones que los demas dan por sentado, descubrir nuevos usos para objetos familiares y visualizar conexiones nuevas entre objetos que parecen no guardar ninguna relación con otros.

5. Conciencia de sí mismo. Tiene conciencia de ser alguien en particular. Se orienta y maneja por sí mismo, y puede trabajar solo durante períodos prolongados, siempre que se trate de su propio proyecto. El simple hecho de seguir instrucciones lo aburre.

6. Originalidad. Sus ideas son interesante, poco comunes, sorprendentes.

7. Capacidad de percepción. Accede con facilidad a esferas de la mente que las personas no creativas sólo visualizan en sueños. Juega con ideas que se le ocurren espontáneamente.

Aunque estas cualidades parecieran deseables, contaban (o cuentan) poco o nada en los tests de Coeficiente Intelectual, que miden la memoria, el vocabulario, la capacidad numérica y de razonamiento en general. A lo largo de los ensayos, además de los resultados de la experimentación, se encuentran argumentaciones a favor de la creatividad y de los chicos creativos, quienes a veces sufren el rechazo grupal:

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Una vez identificadas esas características es posible estimularlas. Esto sería de una educación creativa, cuyo objetivo sería formar personalidades dotadas de iniciativa, recursos, confianza en sí mismas, tolerantes, listas para diálogar y afrontar problemas personales e interpersonales o de cualquier tipo, capaces de crear una sociedad dispuesta a la colaboración.

Los ensayos fueron publicados por primera vez en los Estados Unidos a principios de la década de 1970 y siguen siendo una lectura bastante recomendable.

Sobre la lectura y el juego creativo:

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Podría citar más, pero creo que es mejor que leas el libro, no te arrepentirás.

¡Visita el espacio Niños CONARTE!

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Alguna vez leí que era un deber de los padres cuidar la salud de la imaginación de sus hijos. No recuerdo dónde fue. Muchas veces he pensado en ello: imaginación, salud, deber, cuidar. Le he dado mil y una vueltas.

Hoy, quizá como nunca antes, parece cuestionarse la utilidad de la literatura, y cuanto más dependemos de la ciencia y la tecnología, pareciera que insistimos en justificar la lectura literaria. ¿Por qué? Quizá sea algo inútil, algo por lo cual no obtendremos un mejor trabajo, ni seremos más guapos y, ¿qué?, si con un libro lo pasamos bien.

La literatura es el terreno de la sugerencia, de la  evocación, de las emociones, de los sentimientos, donde se nombra lo innombrable. Es el espacio indómito de la imaginación. Por ello puede ser maravillosa y también peligrosa.

Una de las cosas que más me motivaba para impartir talleres de lectura, llevar libros a los chicos, insistir en la creación de acervos de literatura infantil y espacios de lectura era precisamente el ofrecer el poder de la imaginación.

En una colonia marginada de Monterrey, estábamo un chico y yo en la entrada de una biblioteca comunitaria. No hablábamos. Esperábamos. Miraba la calles sin pavimentar, el viento caliente levantando polvo grisáceo, la luz dura, las casitas inconclusas. A lo lejos, pasaba un chico, no mucho mayor que el chico que estaba a mi lado, su mano izquierda sostenía una bolsa de plástico que se hinchaba y se deshinchaba rítmcamente cubriéndole la mitad del rostro: un chico más moliéndose el cerebro. “No me gusta vivir aquí, no me gusta este lugar”, dijo el chico que me acompañaba. A mí tampoco me gustaba aquel lugar, lo odiaba. Odiaría vivir en un sitio así, me odiaría mí misma, odiaría a todos, de haberme tocado esa suerte.

No tenía duda como no la tengo ahora. Era importante llevar imaginación a aquellos lugares donde la realidad asfixia. Ofrecer la posibilidad de nombrar la decepción, la amargura, el odio, la frustración o la esperanza, todo aquello que llevamos dentro y que nos empuja al límite, a la explosión.

Nuevo León, como todo México, ha estado viviendo situaciones duras. La violencia, yo la calificaría de sociópata, ha sido el día a día desde que fuera declarada la guerra contra el narco. Me parece que no hemos sido una sociedad integradora. No voy a escribir más sobre este tema aquí. Sólo agregaré que demasiadas personas han sido marginadas, destinadas a la miseria sin una educación que les permitiera aspirar a escalar socialmente mientras la gran mayoría es amenazada de exclusión social en las frecuentes crisis económicas. Es el momento de imaginarnos de nuevo.

Las chicas y los chicos, todos, deben tener el derecho a imaginar y a crear un mundo que les guste. Deberíamos ayudarles, por el bien de ellos y de nosostros mismos. Concedo que no bastan la literatura y el arte, que también hacen falta educación científica y tecnológica para hacer realidad los sueños. Pero un muy buen inicio está en no censurarnos ni limitarnos a nosotros mismos. Insisto, empecemos por atrevernos a pensar que las cosas podrían ser de otro modo.

Entonces, supondrán cuánto gusto me ha dado la construcción del espacio Niños Conarte, dedicado a la difusión del arte y la literatura, en Monterrey, Nuevo León. La sección dedicada a la formación lectora cuenta con un acervo de alrededor de 4 mil 300 títulos entre libros infantiles y libros especializados para mediadores.

Después de todos los momentos desagradables les invito, aún más, exijo que lo disfruten a partir de mañana 2 de julio.

Espero encontrarles por allí la próxima vez que vaya a Monterrey. ¡Tengo unas ganas locas de visitarlo!

La imagen fue tomada de aquí, donde encontrarás más información sobre este espacio y sus actividades.

Adjetivo banal o significativo

Me deleita pensarlo, la literatura se mueve mientras pretendemos atraparla, definirla o adjetivarla. Esto acaso es notable respecto a la llamada literatura infantil. Desde luego, cada quien habla desde su experiencia o como le fue en la feria. ¿Es necesario el adjetivo?

La educación, la moral, la industria editorial o la crítica literaria se atreven. Entonces encontramos definiciones que acaban pronto y privilegian lo literario: la literatura es una y los adjetivos están de más. Otras ponen énfasis en lo moral o didáctico: que sea útil para la formación, dicen. También están las exigencias de ser atractiva, ligera y entretenida.

Llamar infantil a esta literatura es significativo o es uno de esos adjetivos que si los elimináramos no pasa nada, me pregunto. El adjetivo pareciera referirse al concepto extraliterario, quizá, de infancia, el cual al parecer no siempre ha sido el mismo que es hoy en día. Esa idea de infancia define al lector modelo al cual se dedica esta literatura.

La psicología y la pedagogía especialmente desde el siglo XIX y con mayor fuerza durante el siglo pasado han aportado conocimientos sobre las peculiaridades del niño provocando cambios paradigmáticos. Han contribuido a formar la idea de la infancia como una etapa del desarrollo humano específica, concepción aceptada en la mayoría de las sociedades occidentales actuales, formativa y vulnerable que debe ser protegida. Uno de los mayores logros es la declaración de los derechos de los niños.

Ha habido grandes cambios en la educación, desde un formato autoritario hasta teorías que privilegian al niño como protagonista del proceso educativo (paidocentrismo). Las peculiaridades de esta etapa marcan las pautas, entonces los adultos deben adaptarse y buscar comunicarse del modo más adecuado con los pequeños, por ejemplo, a través del juego.

Estos conocimientos, además de una creciente clase media con mayores recursos económicos, mejores condiciones de vida que han permitido que la mayoría de la población se eduque hasta la necesidad de un nivel educativo alto, los avances tecnológicos son algunos de los factores que han generado una producción dedicada a los chicos, entre la que se encuentra la llamada literatura infantil.

El adjetivo parece aludir a este contexto donde se ha desarrollado notablemente la producción de esta literatura peculiar durante el siglo XX  arraigándose en sus orígenes, en las diversas tradiciones orales, y en sus grandes momentos históricos hasta hoy en día.

En este ir y venir la literatura dedicada a los más jóvenes ha sufrido menoscabos, cuentos antiguos han sido modificados de mal modo, según opinan expertos; la creación se ha encontrado limitada por una educación moral que busca transmitir con claridad lo bueno, lo malo, los ideales aceptados por la sociedad, o la industria exige el producto que consiga ventas altas.

En nuestros días, en este siglo XXI, la literatura infantil se ha consolidado en sociedades occidentales, donde la producción y las ventas son exitosas. Además, acepta de buena gana la experimentación y es flexible a diversos soportes y las tecnologías recientes.

Las obras literarias verdaderas resisten y se reproducen, como otras obras artísticas, son profundas, evocadoras, con poder simbólico capaz de llamar a nuestra personalidad total. Así las cosas, es importante defender lo literario sin olvidar la relación que guarda con otros aspectos de la vida y su contexto.

En búsqueda de hogar

Fachada de la Biblioteca Central del Estado Fray Servando Teresa de Mier

Los libros son espacios que requieren espacios donde vivir: un bolsillo, una mochila, un estante, un par de manos… y, desde luego, una casa, es decir, una biblioteca. Aunque muchos no lo creerían, una biblioteca puede ser un lugar estupendo para estar: algunos sólo se sientan a pensar un rato, algunos pasean entre los pasillos de libros, algunos toman la siesta, algunos leen, algunos escriben, algunos, como yo, disfrutan de esas casas que guardan multitud de espacios.

Detalle de su Sala infantil

Desde hace algunos días me preguntaba sobre casas para la literatura infantil y juvenil, si realmente hay espacios acogedores y agradables para que niños y adolescentes los frecuenten por el gusto de estar, por el gusto de leer. Hemos improvisado lugares y eso está muy bien, en ocasiones, hacerlo es necesario, sin embargo, también necesitamos lugares fuertes, verdaderos hogares para los libros, la lectura y los lectores. Sigue leyendo

Red de Bibliotecas Comunales de Villa El Salvador en Lima, Perú

A veces parece que no pasa nada, el trabajo no es suficiente, o no siempre se tiene la gran energía, para mi buena fortuna me llegó un correo electrónico de la Red de Bibliotecas Comunales de Villa El Salvador en Lima, Perú, en el cual me invitaban a ver un par de videos sobre su trabajo, dirigido por Javier Alberto Bernaola, quien recibió una importante distinción en su país por ello, en el 2007. Definitivamente han sido refrescantes, aquí dejo uno de ellos: 

Me gustaría saber más sobre esta Red, espero tener noticias pronto.

Por su primer aniversario, ¡felicidades a la Biblioteca Comunitaria María Pascuala Hernández!

MP 013 

Cuando visité por primera vez la Biblioteca María Pascuala Hernández, no pude evitar pensar en el esfuerzo que representaba y en sus posibilidades, la imaginé como un espacio donde se pudiera leer a gusto, un lugar donde poder respirar. Entonces, Carlos Navarrete y yo decidimos apoyarla con sesiones de fomento a la lectura, más tarde se concretó el taller Pequeños lectores y autor: Darabuc, a quien agradecemos su colaboración.

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Mi Gato de Cheshire

Hay personajes de quienes no queremos despedirnos nunca. Entonces podríamos detener la lectura cuando faltan unas cuantas páginas con tal de aplazar el FIN. Antes de terminar un libro que he disfrutado lo he dejado por allí, y todo porque no deseo dar por terminada la lectura, me lleva un poco de tiempo enfrentar la despedida.
 
Ilustración de John Tenniel 

Ilustración de John Tenniel

 

Luego, descubres que esos personajes andan por allí y hasta los puedes invitar a tomar algo, o a ver una película. No exagero. Pongo por ejemplo a mi gato Pepipé, también llamado Mi  Gato de Cheshire.  

 

Un día llegó a mi casa, así nada más, a-pa-re-ció, tal como hacía el Gato de Cheshire, personaje de Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll. Tenía la costumbre de aparecer y desaparecer por aquí, por allá. Levantaba una camiseta y allí estaba escondido. Buscaba algún zapato bajo la cama y allí estaba. Intentaba acomodar mis papeles y libros y allí estaba dormido, porque le gustaba dormir sobre libros. Buscaba en la alacena algo para hacer la comida y allí estaba. De modo que me dio muchos sustos, por supuesto los logré superar. Entonces sucedió la agradable costumbre  de encontrarlo a cualquier hora y sin previo aviso en los más diversos lugares: en la caja de juguetes, bajo mi mesa de trabajo, en la regadera (porque aunque le disgustaba el baño con jabón antipulgas, sí que le gustaba mojarse en verano), bajo los almohadones, y yo que me dejaba caer sobre ellos, ¡pobre gato! Fue en estas circunstancias adversas para él como descubrí otras de las características que lo hacían todo Un Don Gato de Cheshire: su sonrisa en cualquier momento. Pepipé era un gato alegre, les he dicho que sonreía, quizá no me lo crean, pero les aseguro que tenía una sonrisa gatuna de lo más linda.

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Para los que empiezan y para los grandes lectores

Me he armado un lío cada vez que pretendo recomendar algún libro de acuerdo a la edad. Sin duda, es importante tomarla en consideración pero no es lo único. Así que esto se añade a los apuntes anteriores sobre las edades de los chicos y el libro adecuado. No hay una forma unívoca de hacer las cosas, el único requisito es tener gusto por la lectura y el deseo de compartirla.

 

Estoy de acuerdo que para los chicos de edades mayores los textos verbales deberán preponderar sobre las imágenes. Sin embargo, en mi experiencia he encontrado chicos de 7 años con más experiencia y capacidad de lectura que algunos de 10 años. Si bien es cierto, que un niño mayor, que atiende sus estudios, debiera tener mayor capacidad de lectura respecto a un niño menor, nos podríamos encontrar con muchas sorpresas. Por eso la colección A la orilla del viento del Fondo de Cultura Económica está clasificada según la experiencia de lectura, desde primeros lectores hasta los grandes lectores.

 

Hace algunos meses atendía un grupo de chicos de entre los 13 y los 15 años de edad, de tercer grado de secundaria. Leímos libros álbum, luego avanzamos a libros con más texto. Estaban fascinados con Confundiendo historias de Gianni Rodari, Donde viven los monstruos de Maurice Sendak, con la serie de Willy de Anthony Browne. Esto lo traigo a cuento porque ejemplifica la necesidad tomar en cuenta la edad, claro, pero también es necesario considerar la experiencia lectora, los hábitos, las frustraciones respecto a las evaluaciones de lectura, cierta desgana, los gustos, intereses, la ocasión o algún suceso cotidiano puede ser el detonante para la elección del libro.

 

No perdamos de vista el objetivo, atraer a los chicos a la lectura, crearles el gusto, tender un puente entre ellos y los libros, para algunos chicos en situaciones vulnerables, avanzar en sus capacidades de lectura puede ser la diferencia en sus estudios, en sus vidas.