Boo Radley, salga, no le haremos daño

Dill estaba disparado otra vez. Por su cabeza soñadora flotaban cosas hermosas. Podía leer dos libros mientras yo leía uno, pero prefería la magia de sus propias invenciones. Sabía sumar y restar más rápido que el rayo, pero prefería su mundo entre dos luces, un mundo en el que los niños dormían, esperando que fueran a buscarlos como lirios matutinos. Hablando, hablando se dormía a sí mismo, y me arrastraba a mí con él, pero en la quietud de su isla de niebla se levantó la imagen confusa de una casa gris con unas puertas pardas, tristes.
-¿Dill?
-¿Mmmmm?
-¿Por qué no se ha fugado nunca Boo Radley? ¿Te lo figuras?
Dill exhaló un largo suspiro y se volvió de espaldas a mí.
-Quizá no tenga adonde huir…

Matar un ruiseñor, de Harper Lee

He recordado este libro, en especial esta cita, porque ayer acá en España fue día del padre y Atticus Finch, uno de sus personajes, es uno de los padres literarios que más me gustan. Otro motivo para recordarlo con cariño son los personajes infantiles, su descubrimiento del mundo y sus contradicciones.

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