Adjetivo banal o significativo

Me deleita pensarlo, la literatura se mueve mientras pretendemos atraparla, definirla o adjetivarla. Esto acaso es notable respecto a la llamada literatura infantil. Desde luego, cada quien habla desde su experiencia o como le fue en la feria. ¿Es necesario el adjetivo?

La educación, la moral, la industria editorial o la crítica literaria se atreven. Entonces encontramos definiciones que acaban pronto y privilegian lo literario: la literatura es una y los adjetivos están de más. Otras ponen énfasis en lo moral o didáctico: que sea útil para la formación, dicen. También están las exigencias de ser atractiva, ligera y entretenida.

Llamar infantil a esta literatura es significativo o es uno de esos adjetivos que si los elimináramos no pasa nada, me pregunto. El adjetivo pareciera referirse al concepto extraliterario, quizá, de infancia, el cual al parecer no siempre ha sido el mismo que es hoy en día. Esa idea de infancia define al lector modelo al cual se dedica esta literatura.

La psicología y la pedagogía especialmente desde el siglo XIX y con mayor fuerza durante el siglo pasado han aportado conocimientos sobre las peculiaridades del niño provocando cambios paradigmáticos. Han contribuido a formar la idea de la infancia como una etapa del desarrollo humano específica, concepción aceptada en la mayoría de las sociedades occidentales actuales, formativa y vulnerable que debe ser protegida. Uno de los mayores logros es la declaración de los derechos de los niños.

Ha habido grandes cambios en la educación, desde un formato autoritario hasta teorías que privilegian al niño como protagonista del proceso educativo (paidocentrismo). Las peculiaridades de esta etapa marcan las pautas, entonces los adultos deben adaptarse y buscar comunicarse del modo más adecuado con los pequeños, por ejemplo, a través del juego.

Estos conocimientos, además de una creciente clase media con mayores recursos económicos, mejores condiciones de vida que han permitido que la mayoría de la población se eduque hasta la necesidad de un nivel educativo alto, los avances tecnológicos son algunos de los factores que han generado una producción dedicada a los chicos, entre la que se encuentra la llamada literatura infantil.

El adjetivo parece aludir a este contexto donde se ha desarrollado notablemente la producción de esta literatura peculiar durante el siglo XX  arraigándose en sus orígenes, en las diversas tradiciones orales, y en sus grandes momentos históricos hasta hoy en día.

En este ir y venir la literatura dedicada a los más jóvenes ha sufrido menoscabos, cuentos antiguos han sido modificados de mal modo, según opinan expertos; la creación se ha encontrado limitada por una educación moral que busca transmitir con claridad lo bueno, lo malo, los ideales aceptados por la sociedad, o la industria exige el producto que consiga ventas altas.

En nuestros días, en este siglo XXI, la literatura infantil se ha consolidado en sociedades occidentales, donde la producción y las ventas son exitosas. Además, acepta de buena gana la experimentación y es flexible a diversos soportes y las tecnologías recientes.

Las obras literarias verdaderas resisten y se reproducen, como otras obras artísticas, son profundas, evocadoras, con poder simbólico capaz de llamar a nuestra personalidad total. Así las cosas, es importante defender lo literario sin olvidar la relación que guarda con otros aspectos de la vida y su contexto.

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