Calzado para largas distancias

Para una larga caminata es necesario un buen par de zapatos. Debe ser cómodo, lindo –nunca hay que perder el estilo- y, sobre todo, resistente: hecho de un material fuerte con la capacidad de protegernos de todas las piedritas del camino. Seguro, ya te has preguntado hacia dónde me dirijo con este extraño inicio, pues a Los zapatos de fierro, del autor mexicano Emilio Carballido.

En este cuento, el príncipe es el remilgado y  le encanta poner en aprietos a las doncellas hasta que elije a la mujer con quien se casará: María. Pero, todavía después de consumarse el matrimonio y de haber sido rescatado por la esposa, el príncipe no confía y continúa distante.  Mientras tanto, María impaciente y curiosa desea conocerlo, saber con quién se ha casado. Así que, cede a su impulso y rompe una prohibición impuesta por su marido, quien, entonces, es llevado al País de Irás y No Volverás.

El amor le ha sido arrebatado a María, se lo han llevado  a aquel lugar lejano, al cual tendrá que ir, si desea tener de nuevo el amor. Para llegar allá, María tendrá que caminar y caminar hasta terminar con las suelas de sus propios zapatos. La distancia será muy larga si el material de que están hechos es fierro (con sólo imaginar cuánto se habría de caminar para gastarlos por completo se me eriza la piel).

Este cuento de Carballido está dentro de esa tendencia de la Literatura Infantil y Juvenil mexicana de tomar como fuente de inspiración los cuentos tradicionales de origen antiguo, pues en éstos los zapatos de fierro son elemento frecuente. Quién ha cometido una falta caminará hasta repararla, hasta encontrar la paz, hasta acabar con su calzado; el cual, al inicio del camino, es tan pesado como la culpa, sólo se aligerará con cada paso.

Y como el viaje es largo, lo mejor es disfrutarlo, eso nos ha enseñado Odiseo,  porque en el viaje se consumirán los días, la juventud.

Los zapatos de fierro no sólo hace referencia a la cuentística maravillosa sino al folclor mexicano a través de los recuerdos del autor, mezcla de anécdotas de su niñez, detalles locales –como el río del cuento hace pensar en el río Papaloapan-, el relato de la abuela, en fin, una mezcla de los decires que van de un lugar a otro, que recorren largas distancias y quiénes los relatan agregan o quitan algún detalle refinando la historia, alisando la piedra rugosa hasta convertirla en una redonda y lisa de piedra de río.

El cuento tiene origen en un relato de la abuela del autor, Doña Gabriela Ferat, quien acostumbraba narrar a sus nietos sobre cosas que había leído o escuchado, y cuentos populares de tradición oral, como es el caso de Los zapatos de fierro, que la abuela escuchó por vez primera de su nana. La versión de Carballido, publicada por el Fondo de Cultura Económica, es el relato pulido a partir de lo que escuchó de niño en Córdoba, Veracruz, donde nació el 22 de mayo de 1925.

Es un cuento de amor y a la vez no, a María se la va la vida y la juventud en la búsqueda de su esposo. Cuando al fin lo encuentra, éste la ha olvidado, ¡de qué sirvió tanta caminada! Entonces el viaje en sí mismo tiene valor, es el cuento que no habría nacido si ella hubiera permanecido en casa lamentándose por su mala cabeza y por haber provocado la pérdida de su marido y todo por ser tan curiosa. Sin embargo, de algún modo, María se las ingenia para avivar la memoria de su esposo y llevarlo de regreso a casa para compartir… la vejez.

Editorial Grijalbo, en 1983, imprimió por primera vez Los zapatos de fierro. Una década más tarde, con ilustraciones de Leticia Tarragó, apareció en la serie Botella al Mar de CONACULTA. Luego, en 1998 el FCE lo incluyó en la serie A la orilla del viento con ilustraciones de Carmen Cardemil.

El dramaturgo y narrador Emilio Carballido ha sido un valioso creador de literatura infantil, entre sus títulos, además de Los zapatos de fierro, están El pizarrón encantado (1998), Un enorme animal nube (1998) y El pabellón del doctor Leñaverde (2002).

De regreso al inicio: si bien es cierto que unos zapatos de fierro seguramente son muy resistentes, dudo mucho que sean cómodos y podría suponer que, además, no sean nada bonitos, mucho menos delicados; eso el cuento no lo aclara. Por mi parte, yo prefiero un par de zapatillas de cristal aunque no pueda andar ni una cuadra.

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2 pensamientos en “Calzado para largas distancias

  1. me parece perfecto que desde aca se tenga la oportunidad de conocer y que a la vez los niños tambien tengan acceso a difrentes titulos de literatura mexicana.

  2. Sí, Monserrat, yo también los considero así, por eso he incluido esta sección. Gracias por pasar por aquí :)

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