Pippi Calzaslargas

En 1941, Astrid Lindgren, contraria a las prácticas educativas autoritarias del momento en Suecia, preparó un manuscrito con las historias que le contaba a su hija por las noches. Aquel texto, primera versión de lo que sería Pippi Calzaslargas, fue rechazado por numerosas editoriales.

Cuando fue publicado en 1945, los niños estuvieron de su parte: el rotundo éxito significó la dedicación en exclusiva de la autora a la escritura y la aparición de dos historias más sobre Pippi. Lindgren diversificaría posteriormente su obra con novelas policíacas, Los niños del pueblo de Boucam; históricas Rasmus y el vagabundo, 1956; y familiares Mío, mi Mío, 1954; Ronja, la hija del bandolero, 1981.

Pero su creación más fresca y original, así como la que más fuerza tiene todavía, sigue siendo la irreverente Pippi, personaje que en los años setenta, el movimiento feminista rescató como modelo.

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Un pensamiento en “Pippi Calzaslargas

  1. En los libros de primaria de mi (lejanísima) infancia, este personaje recibía el nombre de “Pipa Piernaslargas”.

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