La imprenta y los libros infantiles

Uno de los hechos más importantes de nuestra civilización ha sido, sin duda, la invención de la imprenta y el libro impreso. Importante porque junto con otros factores, modificó el orden en que se repartía el conocimiento, expandiéndose a sectores más amplios de la población. Si antes era un grupo pequeño de hombres el que tenía acceso a la escritura y a la lectura, con la imprenta y los demás adelantos tecnológicos, una educación más elevada ha llegado a ser un derecho y una necesidad, con el paso del tiempo.

Al final de la llamada Edad Media, en Europa, no existía la preocupación por dar una educación, como la entendemos hoy, a los niños. Las bellas artes, la cultura y el saber estaban reservadas para las capas altas de la sociedad. Los hijos de los monarcas europeos eran educados finamente para seguir con la tradición jerárquica, por ello se escribían libros especiales para ellos. Estos libros se caracterizan por ser moralistas y de un fin claramente pedagógico.

Por el año de 1456 Johan Gutenberg un artesano Alemán, edita por primera vez La Biblia, después de haber trabajado en un proyecto de imprenta basado en la imprenta china. Este fue un invento que revolucionó la Europa de ese entonces y poco después al mundo. Se editaron libros, la difusión del saber desde ese entonces sería tan abierta como nunca antes. Si antes el latín era el lenguaje de la difusión del conocimiento la popularización gradual de los libros obligaría la traducción de libros a lenguas vulgares, así como el fortalecimiento de éstas.

Con respecto a los niños, sólo para los de la nobleza se editaron libros de instrucción como catecismos, abecedarios y los llamados ejemplarios. Estos tratados convivían con una tradición oral viva en la capas más humildes de la población. En el norte de Europa, el imaginario se alimentaba con las sagas nórdicas, llenas de aventuras y hechos maravillosos. En la península ibérica, los relatos de navegantes (por ejemplo la bitácora de Cristobal Colón) y las crónicas del nuevo mundo alimentaban la imaginación con las maravillas, curiosidades y rarezas que en ellos se presentaban. Y el ámbito anglosajón, las leyenda del Rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda hacían las delicias de los pequeños y grandes, con héroes capaces de pelear y ganar en las condiciones más adversas.

Fue hasta 1484 que se editan las fábulas de Esopo añadiéndoles unos grabados en madera. Se trata de un editor, de quien no conocemos con certeza su nombre, quien editó libros de caballerías y las primeras lecturas para niños: Hornbooks, Primers y Chapbooks. Los Hornbooks eran cartillas pedagógicas que, en una hoja y protegidos por una fina lámina transparente, mostraban los números o el alfabeto. Los Chapbooks, eran libros baratos y rústicamente editados, reproducían algún cuento o romance. Aunque la tradición oral popular era denostada por educadores y religiosos.

Fuente: Garralón, A. (2001). Historia portátil de la literatura infantil. Madrid: Anaya.

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