Mi patria es mi familia

Niña de todos los países, de Irmgard Keun (Berlín 1910-Colonia 1982), pasó mi prueba del primer párrafo, con muy buena nota por cierto. Si una narración no me intriga en las primeras líneas, quizá podría seguir la lectura hasta llegar a la segunda página, pero no más, entonces dejo el libro de lado, paso de él.

Kully, la narradora y personaje de la historia, cautiva por su lucidez desde el inicio. Su relato comienza en un hotel, donde no está de turista sino de paso, huyendo junto a su padre, Peter, un escritor exiliado, y su madre, Anni. La familia ha escapado de la Alemania nazi en la zozobra del inicio de la guerra.

A sus diez años, Kully ya sabe que tener dinero nos hace guapos y agradables, por el contrario, la pobreza y la precariedad provoca desprecio; la gente se torna antipática cuando no se tiene dinero para pagar las cuentas. Sabe también que hay quienes prefieren morir y deciden morir y así flotar en el espacio, libres, sin fronteras ni pasaportes con fecha de caducidad, sólo entonces pueden estar con las personas queridas. Sin embargo, también sabe que hay personas que aunque intenten quitarse la vida, no lo logran, porque no es fácil. También ha aprendido que los dólares son más valiosos que los marcos alemanes. Y que es posible aprender a comunicarse con personas de otros países mientras se juega, pero eso sólo es posible entre niños.

A Kully le gusta comer sol con su madre, con quien ha inventado muchos juegos, como el de recordar en cuántas camas han dormido, en cuántos trenes han viajado o cuántos buenos amigos tienen en el mundo. Pero a veces Anni sucumbe ante la desesperación:

Ahora mi madre duerme. Su cara es otra vez como siempre. Antes sucedió algo terrible. De pronto mi madre ya no era mi madre. Pensé que ella era la guerra y una bomba, y que estallaba.

Mientras, el padre, aunque a veces se enfada, siempre se le pasa, pero por si la dudas:

Mi padre tiene un revólver, con él puede disparar. Cuando ya no sepamos qué hacer nos matará de un disparo. Entonces, por lo menos, no nos podrá pasar nada.

Aún así cuándo a Kully le preguntan si extraña su patria, ella encuentra que no echa en falta nada cuando esta junto a sus padres.

Esta niña es ahora uno de mis personajes favoritos, pues con una voz clara nos revela las complicaciones, y la crueldad, del mundo. Su honestidad es brutal y, en ocasiones, su ingenuidad parece la de una chiquilla menor. También podría confundirnos, pues algún objeto, alguna fecha, cualquier cosa dispara el relato de recuerdos, y de sus deseos que se reducen básicamente a estar con papá y mamá.

Me parece injusto que a Keun se le recuerde, la mayoría de las veces, sólo por su relación con el escritor Joseph Roth, sin duda es un aspecto importante en su vida, sin embargo, su obra merece atención, aunque sólo sea por la curiosidad que despiertan las obras prohibidas, ¿qué habría escrito –y qué sería capaz de escribir- esta mujer para resultar incómoda al gobierno alemán nazi? Por lo pronto, en español podemos encontrar Niña de todos los países, publicada por primera vez en Ámsterdam en 1938, además de La chica de seda artificial y Después de medianoche.