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Niñas encantadoras en la literatura infantil

26 feb

En el siglo XIX, la Condesa de Ségur había creado con mucho éxito la Colección Rosa destinada a las niñas, con pequeñas protagonistas y con una involuntaria reivindicación del rol de la mujer en los libros infantiles. A fines del XIX, este tipo de libros se desarrolló con generosidad, pues la lectura al parecer pasó a ser asunto de niñas, y estos libros reflejaban lo que la sociedad esperaba de ellas. El clásico estadounidense de Louise M. Alcott, Mujercitas, exploraba los temas de la familia y la mujer, hasta entonces poco abordados.

Otras escritoras y sus obras son: Laura Ingalls Wilder (1867-1957) y sus libros La casa del bosque (1932) y La casa de la pradera (1935). En 1880 en Suiza Johanna Spyri (1827-1901) escribió Heidi, años de viajes y aprendizajes y el segundo volumen Heidi puede necesitar lo que ha aprendido. En Canadá Lucy Maud Montgomery (1874-1942) escribe Ana, la de las tejas verdes. La inglesa radicada en Estados Unidos Frances Hodgson Burnett (1849-1924) escribió El pequeño Lord (1885) y El jardín secreto (1911).

Todas estas niñas valientes y activas no dudan en enfrentarse a lo sombrío y establecen nuevas relaciones afectivas con sus tutores, fomentan una literatura del sentimiento basada en la aventura interior y cotidiana de sus protagonistas.

Fuente: Garralón, A. (2001). Historia portátil de la literatura infantil. Madrid: Anaya.

La Condesa de Ségur

25 oct

Sophie Rostopchine (1799-1874), más conocida como la Condesa de Ségur, siendo ya abuela, comenzó a escribir las historias que contaba a sus nietos. Su rebeldía contra los métodos de la educación que padeció, la trasladó a los libros que supusieron una ruptura contra lo escrito hasta el momento. Las desgracias de Sofía (1856) es la historia de una niña malcriada que miente y se rebela, y Memorias de un burrito (1859) son libros que a lo largo del tiempo han provocado opiniones encontradas. El mérito de Ségur, según el investigador Marc Soriano, reside en que el libro para niños dio un vuelco fundamental, con un ritmo ágil, mezcla de emoción y alegría, composición clara, relatos llenos de diálogos naturales. Además en sus historias presenta un modelo de niño más espontáneo y natural.
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